Cepillarse los dientes es una actividad que tenemos asumida (o deberíamos) como obligatoria si queremos tener una boca saneada y evitar futuros problemas en nuestros dientes y encías. Lo recomendable es hacerlo al menos dos veces al día y, si es posible, usar un cepillo de dientes eléctrico para que podamos ser más efectivos que uno manual a la hora de retirar más fácilmente la placa (haz clic aquí para ver las diferencias entre un cepillo eléctrico y otro manual).

Pero un cepillo de dientes eléctrico, si no se tienen en cuenta determinadas precauciones, puede convertirse en toda una amenaza para nuestra boca. Sobre todo en determinados modelos o cuando no hemos hecho un buen mantenimiento de los mismos pueden provocar rotura de dientes o pequeñas fisuras, cortes en la boca y lo más común, roces en las encías. Casos más extremos y menos comunes se dan cuando se producen roturas en piezas que terminan tragándose, pudiendo derivar en ahogamiento. Asimismo, si el cepillo de dientes eléctrico no está homologado o no se encuentra en buenas condiciones, pueden desprenderse piezas del aparato que terminen impactando en la cara u ojos, aunque esto es muy poco habitual y solo se da en aparatos de marcas que no han pasado los controles pertinentes (la OCU siempre recomienda que nos fijemos en el marcado “CE” establecido por la Comunidad Europea).
Recomendaciones
Entonces, ¿los cepillos eléctricos son un aliado o un enemigo? Pues la respuesta es rotunda; son un excelente aliado para tener una mejor salud bucodental, sobre todo en cuanto a prevención y mantenimiento. Si seguimos las siguientes recomendaciones no tendremos que tener ningún miedo a los peligros que puedan proceder de un mal uso de los cepillos eléctricos:
Reemplazar la cabeza de los cepillos cada 2-3 meses.
Antes de cada uso, inspeccionar el aparato por si ha sufrido algún daño o hay alguna cerda del cepillo que ha perdido su posición.
Asegurarnos que la cabeza del cepillo está bien ajustada al mango (firmemente). Si no es posible que haya una buena conexión no es recomendable su uso.
Es muy aconsejable, aunque pueda parecer obvio, probar el funcionamiento del cepillo fuera de nuestra boca. A veces con las prisas lo encendemos directamente cuando está junto a nuestros dientes, pero si hay algún fallo en el aparato podrá ser demasiado tarde si lo encendemos dentro de la boca.
Finalmente, es importante hacer una buena labor de investigación sobre el cepillo de dientes eléctrico que vamos a comprar, al igual que hacemos cuando vamos a comprar un televisor, una lavadora o un coche. Pero en este caso con más motivo, pues está nuestra salud en juego.
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